Franco Florio, el velocista que cruzó el Atlántico para cumplir su sueño olímpico: “Quiero correr menos de 10 segundos”

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El plusmarquista argentino de los 100 metros entrena en Italia con un grupo internacional de alto rendimiento y apunta a meterse en la cita olímpica (@franco_florio)

Franco Florio cambió la pelota ovalada por la velocidad, cruzó el Atlántico y entrena en Europa junto a medallistas olímpicos con un único objetivo: clasificarse a los Juegos de Los Ángeles 2028. El atleta argentino habló con Infobae sobre lo que implica prepararse al máximo nivel lejos de casa y los sacrificios que exige el alto rendimiento.

A los 26 años, lleva poco más de un año instalado en Italia, integrado a un grupo de 14 atletas internacionales que comparten programa, entrenador y el peso de haber dejado sus países atrás. La decisión fue el resultado de una trayectoria que arrancó en el rugby, se transformó durante la pandemia y encontró su rumbo definitivo en los 100 metros planos, donde hoy es el hombre más rápido de Argentina.

Del rugby a la pista, una transición que se fue dando sola

El velocista jugó al rugby hasta los 20 años y formó parte de los Pumas Seven. Nunca imaginó que terminaría siendo velocista. “Siempre en mi cabeza iba seguramente más a jugador de rugby que a velocista”, admitió en diálogo con Infobae. Fue la pandemia la que aceleró el cambio: el aplazamiento de los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 al año siguiente le dio margen para descubrir su potencial en el sprint. “Corrí rápido y dije: ‘Che, soy bueno en esto, me quedo’”, sostuvo.

La pandemia empuja su giro deportivo y el velocista consolida su camino con el oro suramericano y la plusmarca de 10.11 en 100 metros (@franco_florio)

La transición no fue una ruptura abrupta. Durante un período convivió con ambos deportes, aunque siempre priorizó el atletismo porque en el rugby la preparación física era innegociable para competir, mientras que en la pista podía participar aun sin una puesta a punto perfecta. “Nunca fue así una pregunta, fue más fluyendo”, describió.

Tras brillar en el Circuito Mundial con Los Pumas 7’s, se volcó al atletismo en 2020 para convertirse en una leyenda de la velocidad nacional. En 2022, el bonaerense alcanzó la gloria al coronarse campeón suramericano en Asunción y pulverizar el récord argentino absoluto de los 100 metros llanos con un tiempo de 10.11 segundos en Cascavel, Brasil. Su dominio se extendió a las pistas cubiertas a principios de 2025: estableció la plusmarca nacional de los 60 metros indoor con 6.67 segundos —marca que logró en República Checa y repitió en Cochabamba para colgarse el bronce continental— y selló una histórica participación en el Mundial de Nanjing, China, al registrar 6.76 segundos en las eliminatorias.

Días atrás, de visita en el país y antes de retomar la pretemporada en el país transalpino, volvió brevemente al rugby para disputar el Supersevens con Racing 92 durante dos semanas.

Un grupo de elite, otra exigencia y una adaptación a prueba

El argentino describe el impacto del ritmo europeo y el desarraigo de vivir lejos de casa, mientras se prepara para sumar puntos clave en 2027 (@franco_florio)

El salto a Europa implicó un choque con una realidad de entrenamiento completamente distinta. Florio describió el volumen y la intensidad del trabajo diario como incomparablemente superiores a lo que conocía en Argentina, y señaló que ese nivel de exigencia explica por qué los atletas de ese entorno logran llegar a finales olímpicas. La tecnología disponible y el soporte profesional completan un esquema que en el país resulta difícil de replicar. Como así también la inversión económica.

El grupo con el que entrena incluye atletas de Suiza, Francia, Costa de Marfil, Ecuador, Bielorrusia y dos velocistas de Gran Bretaña, una de las cuales es subcampeona mundial de los 200 metros. “Son campeones europeos, medallistas en los Juegos Olímpicos. Es un grupo de élite fuerte”, describió.

La camaradería entre los integrantes, que comparten el desarraigo de haber dejado sus países para entrenar, hace más llevadero el día a día. Pero la adaptación tiene un costo: “Llego cansado, no es lo mismo. Son dos maneras de entrenar muy distintas”, reconoció.

Los Ángeles 2028, el objetivo que organiza cada decisión

Franco Florio apunta al ranking mundial para clasificar a la cita olímpica LA 2028

La mudanza al viejo continente responde a un plan de tres años con un horizonte preciso: la cita olímpica de Los Ángeles. El plusmarquista argentino eligió 2026 como período de transición porque no hay Mundial de atletismo y el calendario permite adaptarse sin comprometer puntos de clasificación decisivos. Ya el año próximo, el Sudamericano se vuelve clave: es un torneo previo al año olímpico cuyos puntos cuentan para la clasificación, incluso cuando se disputa dos años antes de los Juegos.

“Ya el próximo año sabés que ese torneo tenés que ir sí o sí a correr bien”, afirmó. Para clasificar, el argentino deberá ubicarse entre los 48 velocistas más rápidos del mundo -la clasificación se rige por el sistema de World Athletics, el cual combina el cumplimiento de marcas mínimas de clasificación y la posición en el ranking mundial-. Una vez dentro de la cita olímpica, proyecta que un finalista sudamericano puede alcanzar las semifinales con solvencia.

Pero llegar a la final es otra historia: “Son ocho y esos ocho tienen que estar a un nivel superlativo ese día. Será muy difícil”. En los 100 metros planos, el dominio histórico lo reparten Jamaica y Estados Unidos, con irrupciones recientes de atletas como el botsuanés Letsile Tebogo y el italiano Marcel Jacobs, campeón olímpico en Tokio 2021.

Pasión, sacrificio y el peso de entrenar lejos de casa

El velocista reconoce que una centésima define todo en los 100 metros y que la falta de herramientas complica el camino desde Argentina, por lo que busca en Europa el soporte para competir en la élite (@franco_florio)

Más allá del cambio de disciplina y del traslado al exterior, el velocista remarcó que sostener una carrera en la elite exige una convicción difícil de improvisar. “Lo tenés que querer mucho”, resumió. En su caso, esa elección aparece ligada a un objetivo personal concreto. “Quiero correr menos de diez segundos”, afirmó, y agregó que también sueña con representar a Argentina en unos Juegos Olímpicos, aun cuando eso implique resignar comodidad, tiempo con sus afectos y otras posibilidades profesionales.

El atletismo de alto rendimiento obliga a ordenar cada detalle de la vida cotidiana. “Una centésima te deja afuera”, dijo para describir una disciplina en la que cualquier desajuste puede alterar el resultado. Advirtió además que en los deportes individuales la falta de herramientas lo complica todo: sin tecnología ni para recuperar ni para entrenar, acceder al máximo nivel se vuelve una carrera cuesta arriba desde el primer momento.

El propio atleta reconoció el costo emocional de esa apuesta. Dijo que extraña a su familia, a sus amigos y la vida cotidiana en el país, incluso cuando entrena rodeado de medallistas olímpicos. Aun así, se mostró abierto a compartir su experiencia y a seguir en contacto con colegas y medios. “Todo el mundo me dice: ‘No, pero estás en Europa’. Sí, está bien, pero yo quiero estar comiendo un asado con mi familia”, concluyó.

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