El libro con las “historias escondidas” de Guillermo Vilas: el día que siendo un niño desafió a la muerte

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Guillermo Vilas, en el US Open de 1978: toda la estética de su tenis (Photo by Focus on Sport/Getty Images)

Guillermo Vilas, el talentoso zurdo que transformó el tenis argentino en fenómeno de masas, cumplió 74 años el pasado lunes 17 de agosto. Y Andanín, su hija mayor, emocionó a todos los fanáticos con una imagen del legendario deportista. El aniversario llegó acompañado por el lanzamiento de un nuevo libro que rescata episodios poco explorados de su trayectoria. La obra se titula El otro Vilas: historias escondidas de una vida irrepetible y es el trabajo del periodista Pablo Amalfitano para Ediciones Al Arco.

El volumen no repasa los títulos ni las estadísticas de sobra conocidas, sino que se adentra en sucesos ocultos o apenas mencionados de la carrera y la vida del marplatense que popularizó el deporte de la raqueta en el país. La apuesta del autor es la de construir un retrato desde los márgenes de la historia oficial.

Una de esas historias narra el día que el entonces proyecto de tenista desafió a la muerte siendo un niño. Y marca la personalidad que luego lo encumbró en el deporte.

“Tenía casi seis años. A esa edad creo que los chicos empiezan a preguntarse sobre la muerte. Yo también. Pero no tenía a quién consultar. O quizás haya optado por buscar la respuesta solo, de acuerdo a mi costumbre. Aquel día, tras el sepelio de un pariente a quien en verdad no recuerdo, se me ocurrió conocer cuál era la sensación de estar muerto”, supo contar Vilas.

“En el garaje tenía un gran cajón lleno de juguetes. Lo vacié y le dije a mi hermana Marcela: ‘Vos hacé lo que yo te digo: cuando me acueste adentro del cajón, cerrá la tapa y sentate encima. No me abras para nada, eh. ¡Para nada! Solo tocándome adivinaba mi cuerpo. Me había tragado la oscuridad y empecé a divertirme: pensaba que la muerte era una pavada incapaz de asustar a nadie. Pasaron pocos minutos cuando cambié de opinión. Para mi desgracia, Marcela era obediente. Empecé a sentir que me ahogaba. Faltaba el aire. La muerte estaba llegando«, continuó el gran Willy.

“Desapareció mi sonrisa. Morir era cosa seria. Empecé a golpear desesperadamente, pero mi hermana, fiel a las instrucciones, no se levantaba. Menos mal que mamá escuchó ruidos y se le ocurrió asomarse. Aprendí a respetar a la muerte. Aquella vez casi termina la carrera tenística que todavía no había comenzado”, concluyó su relato.

La tapa de

El prólogo del libro estuvo a cargo del periodista Juan José Moro, referente de las coberturas de tenis en Argentina. En ese texto, Moro pondera el enfoque de Amalfitano: “El hecho de que haya resuelto investigar y escribir sobre la personalidad de Guillermo Vilas sin haberlo visto jugar, pero habiendo estudiado todas las informaciones al respecto, es más valioso que nunca en un tiempo en el que todo se vive muy rápido”, escribió, y agregó que esa actitud contrasta con la falta de interés por las figuras que marcaron épocas.

La contratapa la firmó el periodista Alfredo Bernardi, quien anticipa el tono del libro: “Sin importar el transcurrir de los años, Amalfitano encontró nuevos espacios para seguir escribiendo la historia. Vilas fue disruptivo y carismático para la época. Su leyenda seguirá vigente”.

Amalfitano tiene 35 años y nació en Mar del Plata, la misma ciudad que forjó a Vilas. Lleva más de quince años en el periodismo deportivo, con el tenis como especialidad. Actualmente trabaja en el diario Página/12 y fue editor jefe de redacción de la revista El Gráfico.

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