
Es la pregunta que desvela al oficialismo desde principio de año: ¿Axel Kicillof va a desdoblar la elección bonaerense de la nacional en 2027? En la última semana, cuando post Mundial los partidos empezaron a mover fichas y a delinear el escenario del año que viene, las señales que llegaron al oficialismo desde la oposición reforzaron una sospecha en el Gobierno: sí, lo va a hacer.
En La Plata aseguran que no hay nada definido. Pero en Casa Rosada trabajan con la hipótesis de que el año que viene el gobernador buscará repetir la jugada del 2025, cuando Fuerza Patria ganó adelantando los comicios. En ese momento, La Libertad Avanza intentó capitalizar el resultado local, a nivel nacional, con una campaña de miedo al “efecto kuka”. Sin embargo, el kirchnerismo y el kicillofismo terminaron asegurándose bancas en la Legislatura bonaerense y sumando peso en los concejos deliberantes.
La tesis de que se viene un desdoblamiento se celebra en Balcarce 50, donde creen que si el candidato libertario gana en una PBA desdoblada, en el oficialismo aseguran que Milei puede ganar “caminando” la elección general.

Puertas adentro del Gobierno hay dos lecturas. Una, muy confiada en las posibilidades de Milei para reelegir, dice que el resultado de un eventual desdoblamiento “no cambia nada”. Otra, más extendida, sostiene que si Diego Santilli —o quien termine siendo el candidato libertario en Buenos Aires— le gana al candidato del peronismo o el kirchnerismo, ese triunfo bonaerense le daría un envión decisivo a Milei en la elección general. Para los primeros, directamente, la interna del peronismo bonaerense “los excede”: es una discusión que corresponde al otro partido y no le dedican demasiado análisis. Para los otros, la comparación que circula es con 2015, cuando María Eugenia Vidal midió fuerzas en PBA mientras Mauricio Macri disputaba la Nación y terminó ayudándolo a imponerse en el ballotage.
En el oficialismo interpretan que un desdoblamiento le serviría a Kicillof en dos sentidos. Primero, para conformar a los intendentes, que ganarían protagonismo: la apuesta sería que si los jefes comunales se imponen en sus territorios en una elección bonaerense desdoblada, después le devolverían el favor respaldándolo a él en la disputa nacional que el gobernador busca liderar. Segundo, le daría margen para despegarse del condicionamiento de Cristina Kirchner —y de Máximo Kirchner— en el armado de listas.
La carta que publicó ayer Cristina Kirchner reavivó en el Gobierno los análisis sobre los planes de Kicillof de presentarse y de adelantar y desdoblar la elección bonaerense en 2027. Pero también despertaron suspicacias los movimientos de Kicillof para contentar a los jefes municipales ayudándolos a obtener la reelección.
Sobre Kicillof como candidato a Presidente no hay dudas en el Gobierno: no tiene alternativa. “No tiene intendentes, ni diputados ni senadores propios. Es un pato rengo. Es él solo, y si desaparece de la elección, desaparece”, describen en el oficialismo. Cristina Kircher, dicen, solo amenaza para asegurarse poder de veto y lapicera.

Karina Milei, en tanto, está convencida de que en el peronismo nacional habrá interna. Y a favor de eso apuesta a la eliminación de las PASO: sin instancia de primarias, esas disputas no tendrían forma de resolverse democráticamente, y el peronismo llegaría dividido a la elección general. En el oficialismo leen que hay “amagues” de un lado y del otro: dirigentes como Cristina Kirchner que gestualizan una voluntad de competir, pero que en el fondo quieren que sea Kicillof quien juegue esa carta.
En el Gobierno también leen gestos de Cristina Kirchner hacia Kicillof como una forma de presión: “CFK lo torea a Kicillof”, dicen, y lo comparan con la estrategia de Mauricio Macri al perfilar a otros candidatos.
En el Gobierno resumen la estrategia hacia el gobernador con una frase: “Le van a vender a Kicillof que le va a ir bien si desdobla de la nacional”. La apuesta oficialista es que, entre la presión de Cristina Kirchner y el cálculo de los intendentes, el gobernador termine optando por contentar a los caciques de los municipios que, están seguros, luego lo traicionarán. Es el camino que a Balcarce 50 más le conviene.



