Corazón de campeón: las razones detrás de las lágrimas de Colapinto tras el Gran Premio de Italia de F1

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Franco Colapinto respira automovilismo. Vive por y para este deporte que ama con locura. Es un estudioso de la actividad, desde aquellos días en los que era un niño y se iba a la biblioteca del colegio donde estudiaba en Pilar para buscar libros de Juan Manuel Fangio. Su corazón late a fondo cada vez que está arriba de un auto de Fórmula 1. Es un sentimiento. Tanto siente correr en autos que este domingo sabía que estaba para más y por eso sus lágrimas al terminar el Gran Premio de Italia, donde hizo un carrerón que va más allá de su retorno a la zona de puntos.

En el Autódromo Nacional de Monza, el piloto argentino de 23 años dispuso de las ocho actualizaciones aerodinámicas en su Alpine A526. Su monoplaza dio un salto de calidad y eso le permitió al bonaerense poder pelear más adelante. Igualó su mejor clasificación al quedar octavo, algo que consiguió en Azerbaiyán 2024, cuando disputó su segundo Gran Premio en la Máxima en la víspera a su primera sumatoria de puntos.

Ayer largó séptimo por la penalización a Kimi Antonelli por el cambio de su motor en el Mercedes, y tuvo otro arranque frenético. Pronto se ubicó tercero luego de superar a Max Verstappen (Red Bull), nada menos. Peleó con el cuádruple campeón mundial y luego llegó su despiste.

Lo primero que hay que destacar es la rápida reacción del pilarense. Dio vuelta la página y, pese a volver a pista en el 16º, se recuperó, peleó y avanzó a puro talento para hacer sobrepasos. Y también evidenció inteligencia para gestionar la energía como ocurrió en el doble adelantamiento en pocos metros a Ollie Bearman (Haas) y Gabriel Bortoleto (Audi).

Franco abraza a su padre Aníbal el día que se subió por primera vez a un F1 (Prensa Williams)

Si se suman los cuatro lugares que ganó en el comienzo y los siete que hizo una vez que se recompuso de su despiste, avanzó once posiciones durante toda la carrera. Es cierto que, tras la largada, Lewis Hamilton se complicó con su compañero en Ferrari, Charles Leclerc, y que éste terminó contra las defensas. Pero esto forma parte del automovilismo. Los problemas de los demás se capitalizan y punto. No hay que bajarle el precio a lo que hace Colapinto.

La muestra de carácter de Franco y su fortaleza mental para avanzar con un auto que sufrió daños en el piso por su despiste dan cuenta de alguien que tiene corazón de campeón. Que va por todo hasta que se baja la bandera a cuadros, que es cuando se terminan las carreras; así lo recordó siempre el propio Fangio. Terminó noveno y sumó dos puntos. Cosechó unidades en la mitad de los Grandes Premios disputados en 2026. Aunque eso no fue lo más importante: por encima estuvo cómo respondió ante la adversidad y su espíritu de lucha inspira a los miles de chicos que corren en karting en Argentina.

Pero Colapinto vive a flor de piel el automovilismo y su potencial de pelear más adelante lo llevó a su frustración. Primero lo consoló su ingeniero, Stuart Barlow, quien reconoció su gran labor. Luego el sentimiento y autocrítica del bonaerense continuó y, al llegar a la zona mixta, se quebró en diálogo con ESPN. “Una carrera dura. Muy frustrante. Tenía una gran oportunidad y no la aproveché. Triste por eso. Una gran carrera y un grave error. Desaproveché una gran oportunidad para mí y para el equipo. Aprender de esto”, dijo con la voz quebrada y sin poder continuar ante tanta emoción. De hecho. se escucha la voz del jefe de prensa de Alpine, Sam Mallinson, que pide un instante para que Franco pudiera seguir hablando.

Más tarde fue el propio asesor ejecutivo y hombre fuerte de Alpine, Flavio Briatore, el que reconoció la labor de Colapinto: “Ambos pilotos han hecho un trabajo fantástico durante el fin de semana. Fue estupendo que Pierre pudiera disfrutar de su momento con el equipo ayer, y Franco realizó una carrera brillante para remontar y sumar puntos valiosos para la escudería”,

Esas lágrimas van más allá del dolor por quedar afuera de la pelea por la punta, aunque cabe aclarar que su compañero de equipo, Pierre Gasly hizo la pole positions, lideró los primeros metros, pero luego no pudo contener el ritmo de autos superiores como los Mercedes, McLaren, Ferrari y Red Bull. No obstante, Franco sintió que estaba para más.

Sus lágrimas son también las de aquel chico cuyo esfuerzo familiar para llegar a correr a Europa valieron la venta de una casa de su padre, Aníbal, para costear la temporada de Fórmula 4 Española, y Franco le respondió con su título. Su padre lo acompañó este fin de semana en Monza y quizá le quiso regalar su mejor resultado en la F1. Ambos saben todo lo que pasaron para llegar hasta aquí y el emotivo abrazo del 28 de noviembre de 2023, el día que Franco se subió por primera vez a un F1, dio cuenta de ello. “No me lo podía perder, tenía que estar en Abu Dhabi”, le contó alguna vez Colapinto padre a Infobae.

Las mismas lágrimas que le mostró a todo el planeta en vivo y en directo cuando abandonó en una de las carreras de Fórmula 2 en 2024, cuando un despiste lo dejó sin nada. Se bajó de su Dallara y Colapinto lloró. No le importaron las cámaras. Su dolor fue más allá en momentos en los que aún no tenía el presupuesto cerrado para completar la temporada en la categoría antesala a la F1. Tiempos en los que se jugaba todo para poder dar el gran salto.

Esa chance llegó gracias a James Vowles, el jefe de Williams, quien hasta querría haberlo promovido directamente como titular de forma permanente, pero los intereses de Dorilton Capital, el grupo inversor dueño del equipo inglés, habría impuesto el nombre de Carlos Sainz por querer tener un corredor de experiencia. Aunque Franco otra vez respondió y le retribuyó al Tío James su confianza sumando cuatro puntos en su segunda carrera en la Máxima y en un circuito desconocido como el desafiante callejero de Bakú, en Azerbaiyán.






Este domingo no había presiones. Ya había sido anunciado como titular para 2027 en Alpine. Pero, cuando un deportista ama tanto lo que hace, la emoción ante la impotencia de querer dar más puede llevar a las lágrimas, como pasó con Lionel Messi en la final de la Copa América de 2024 en los Estados Unidos.

Colapinto se muestra tal cual es: auténtico, genuino y su esencia no cambia más allá de que esté en el gran circo. Sigue siendo el mismo chico que se sorprendió al ver la réplica del Rayo McQueen en los boxes de Monza y se acercó recordando aquellos días en los que era muy chico y disfrutaba de la película infantil.

Hoy hay garantías, seguridad, tranquilidad y un panorama que invita a un periodo de al menos 15 años de Colapinto en la F1, porque se ganó ese lugar. Sin embargo, las lágrimas también son las de aquel chico de 14 años que vivía solo en una fábrica de karting y a 10.000 kilómetros de distancia de su familia. Franco sacrificó todo por su sueño. Lo consiguió y lo tiene merecido.

Este domingo vivió la frustración porque sentía que podía pelear más adelante. Pero Franco Colapinto puede quedarse tranquilo de que este es solo un comienzo y ratifica lo que puede hacer con un auto que rinde. Porque los grandes se distinguen por cómo se levantan y reaccionan. Vuelven mejores y eso es lo que demostró este domingo en Monza. El argentino tiene corazón de campeón y en su país hay 47 millones de hinchas que lo bancan.

Las lágrimas de Colapinto luego de bajarse de su Alpine A526 (Crédito: Prensa Alpine)

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