Este último martes 8 de septiembre, en plena sesión de la Comisión de Defensa Nacional de la Cámara de Diputados de Chile, un legislador trazó un paralelo entre dos de las disputas territoriales más sensibles del Cono Sur: las Islas Malvinas y el Estrecho de Magallanes.
El diputado que pronunció esas palabras es Javier Olivares Avendaño, miembro del Partido de la Gente —fuerza de derecha populista— y presidente de la Comisión de Control del Sistema de Inteligencia del Estado. Su intervención fue parte del debate vinculado con el ida y vuelta que se registra entre personalidades de ambos países por la soberanía del Estrecho, desatado días antes por las declaraciones de un alto mando militar argentino. Con un breve titubeo previo, Olivares Avendaño tomó el micrófono y sentenció: “Es decir, así como las Falkland son inglesas, el Estrecho de Magallanes es chileno”.
Lo dicho por el legislador ocurrió en plena sesión de la comisión parlamentaria, ante sus pares, en un escenario institucional formal. El contexto inmediato de sus palabras era el contrapunto diplomático que había derivado de las declaraciones del jefe del Estado Mayor General de la Fuerza Aérea Argentina, el brigadier general Gustavo Javier Valverde, quien a fines de agosto se refirió al Estrecho como un espacio de “soberanía”. Esa sola afirmación bastó para que Santiago enviara una nota de protesta formal a Buenos Aires y para que varios legisladores chilenos de distintas fuerzas políticas alzaran la voz contra el Gobierno argentino.
La tensión se descomprimió cuando el ministro de Defensa de Argentina, Carlos Presti, llamó a su par chileno, Fernando Barros Tocornal, y atribuyó los dichos de Valverde “a una confusión y desprolijidad”, según explicaron desde el Ministerio de Defensa de Chile. En esa comunicación, Presti aseguró que el brigadier conoce “la legislación, tratados y fallos vigentes sobre la materia” y dejó asentado que el Gobierno de Javier Milei entiende que “no está en discusión que el Estrecho de Magallanes es chileno”. Sin embargo, la oposición chilena consideró que esa respuesta no alcanzó.

Fue, precisamente, esa lectura la que motorizó el siguiente paso parlamentario. El martes posterior, la Cámara de Diputados de Chile aprobó la interpelación al canciller Francisco Pérez Mackenna por 57 votos a favor, 49 en contra y una abstención. La instancia quedó fijada para el 28 de septiembre. Congresistas de la oposición señalaron que la Cancillería tuvo una actuación “desprolija” y “ambigua” bajo la conducción de Pérez Mackenna, y que las medidas adoptadas frente a Buenos Aires fueron “muy débiles”.
Todo esto se desarrolló mientras el gobierno de José Antonio Kast mantenía, en paralelo, una posición diferente a la de Olivares Avendaño respecto de las Malvinas. El propio Kast había respaldado la soberanía argentina sobre las Islas Malvinas durante la visita de Milei a Santiago, y en la reunión bilateral del 3 de septiembre ambos mandatarios acordaron por escrito que “el régimen jurídico del Estrecho de Magallanes es el establecido por el Tratado de 1881 y por el Tratado de Paz y Amistad de 1984, instrumentos que se encuentran plenamente vigentes y revisten carácter definitivo”.
En ese mismo marco, Kast reiteró el apoyo de Chile a los derechos soberanos de Argentina sobre las islas y los espacios marítimos circundantes, e instó a que ambos países reanuden las negociaciones “a la mayor brevedad posible”.
Así, mientras la posición oficial del Ejecutivo chileno se mantenía alineada con el reclamo argentino, la declaración del diputado del Partido de la Gente apuntaba en la dirección opuesta, al equiparar la postura británica sobre el archipiélago con la chilena sobre el Estrecho. La interpelación al canciller, programada para el 28 de septiembre, será la próxima instancia en la que el Congreso chileno evaluará la gestión diplomática del Gobierno local.



