La CGT se encamina a un paro de mayor impacto, pero el dilema es el día después: los sectores más duros se unen y van por más

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La CGT hará su cuarto paro general contra Javier Milei, ahora por la reforma laboral (Foto: NA)

Es muy probable que la adhesión total del transporte al paro dispuesto por la CGT para este jueves permita que el efecto de la protesta contra la reforma laboral sea “contundente”, como anticipó el triunvirato cegetista.

La decisión de la Unión Tranviarios Automotor (UTA) de paralizar los colectivos será una de las claves de una postal del país distinta a la del paro general del 10 de abril pasado, cuando el sindicato que lidera Roberto Fernández trabajó normalmente porque estaba dentro del período de conciliación obligatoria en su conflicto salarial y debilitó así el impacto de la huelga de la CGT.

Ahora, también rige esa medida del Gobierno, que obliga a las partes a retrotraer la situación al estado previo al conflicto durante 15 días, sólo en el interior, pero la UTA ratificó el paro de 24 horas en todo el país.

Daniel Yofra, Omar Maturano y Abel Furlán, en una sorpresiva reunión del sindicalismo duro

El dilema para la CGT será el día después. El paro se hará en coincidencia con el debate de la reforma laboral en la Cámara de Diputados. Hasta ahora, todo indica que el proyecto se aprobará y volverá al Senado para que se convierta en ley, algo que, según el oficialismo, sucederá el viernes 27 de febrero, antes de la Asamblea Legislativa del 1° de marzo, en la que Javier Milei quiere tener lista una de sus reformas más ambiciosas para inaugurar las sesiones ordinarias del Congreso.

¿Quiere decir que la CGT subirá la apuesta y decidirá un paro general de 48 horas cuando se realice la sesión en la Cámara Alta? ¿Y que si se aprueba la reforma laboral puede anunciarse un paro de 72 horas, 96 horas o por tiempo indeterminado, como plantea el ala dura?

A esta CGT de signo mayoritariamente dialoguista no le quedó otra alternativa que endurecerse. Los referentes moderados de la central obrera no querían hacer otro paro general y buscaban presionar al Gobierno, a los gobernadores y a los diputados para tratar de introducir más modificaciones en el texto aprobado en el Senado, pese a que habían conseguido dejar a salvo las cuotas solidarias y los fondos de las obras sociales.

El presidente Javier Milei y Patricia Bullrich, en la quinta de Olivos

Pero todo cambió luego de que se hizo público el polémico artículo 44 de la reforma laboral, incluido sigilosamente en el proyecto (y sin que sepa aún por iniciativa de quién), que rebaja el pago de los sueldos a quienes se accidenten o se enfermen y que hasta aliados del Gobierno como el PRO consideraron “inhumano”.

Por eso la CGT pegó un volantazo el fin de semana pasado y los 3 cotitulares anticiparon una reunión del Consejo Directivo, e incluso la ampliaron porque iba a ser sólo de una mesa chica de 8 0 10 dirigentes, para avanzar con el cuarto paro general contra Javier Milei.

Los rivales internos de Octavio Argüello (Camioneros), Jorge Sola (Seguros) y Cristian Jerónimo (empleados del vidrio) aseguraron que la medida fue decidida cuando se dieron cuenta de que podían quedar descolocados ante una creciente cantidad de sindicalistas que iba a proponer una medida más dura que una movilización. En el triunvirato lo desmintieron y afirmaron que el paro general fue idea de sus integrantes ante el malestar social contra la reforma laboral por el artículo 44.

La adhesión de la UTA al paro de la CGT será clave para la postal que busca el sindicalismo

La controversia por las licencias médicas fue un error político de los libertarios que opacó el éxito de haber logrado la sanción del proyecto en el Senado tras fuertes concesiones a los gobernadores, los bancos y la CGT.

Algunos creen que no fue la única equivocación del Gobierno. ¿Los funcionarios se enteraron del cierre de Fate, con 920 trabajadores en la calle, el mismo día que se anunció esa medida tan drástica? Parece imposible de creer. Si estaban al tanto, lo más llamativo es que no hubo reacción para que el dueño de la empresa postergara el traumático anuncio por lo menos unos 15 días, hasta que la reforma laboral fuera convertida en ley.

En estas horas, los trabajadores de Fate sin empleo se convirtieron en otro ingrediente del cóctel inflamable en que se convirtió la reforma laboral por el artículo 44 sobre las licencias médicas. Son dos temas distintos, pero emparentados. De alguna forma, que una empresa importante baje las persianas sintoniza con los reclamos de la CGT respecto de la economía y de los cambios en la legislación del trabajo impulsados por Milei.

Manifestantes queman neumáticos en la entrada de la fábrica Fate luego del anuncio de su cierre (Foto: Maximiliano Luna)

Después de todo, algunos de los artículos de la reforma laboral parecen escritos a medida para ponerles límites a dirigentes como los del Sindicato Unico del Neumático (SUTNA), liderado por el trotskista Alejandro Crespo, que se convirtió en una verdadera pesadilla para los empresarios del sector por sus posiciones radicalizadas.

Aun así, el cierre de Fate amenaza con transformarse en un dolor de cabeza para Milei y también para Axel Kicillof. En el primer caso, es evidente porque el Presidente terminó avalando una serie de ataques de los tuiteros libertarios contra Javier Madanes Quintanilla, dueño de Fate. En el segundo, porque llueven las críticas dentro del PJ (azuzadas por el kirchnerismo) y la izquierda por la actuación de la policía bonaerense luego de que se anunció que cerraba Fate y se temía la toma de la planta.

Por eso tanto el gobierno nacional como el bonaerense se apuraron en dictar la conciliación obligatoria, aunque ¿qué se puede conciliar cuando una empresa de esa envergadura toma semejante medida? Ganar tiempo no es poco: hay 15 días, prorrogables por otros 5, para negociar sin que haya medidas de Fate ni del gremio.

Marcha del Fresu en Córdoba contra la reforma laboral (Foto: @uomcordoba)

Mientras, en la noche del miércoles se produjo una reunión cumbre de sindicalistas del ala dura: Abel Furlán (UOM) y Daniel Yofra (Aceiteros), que crearon el Frente de Sindicatos Unidos (Fresu) con las dos CTA y otros gremios para protestar contra la reforma laboral en forma autónoma de la CGT, se encontraron con Omar Maturano (La Fraternidad), el dirigente ferroviario ultraopositor, que propuso un paro por tiempo indeterminado si no se cambia el proyecto oficial y dejó una frase inquietante: “La situación puede ser compleja y se puede asemejar al 2001 y no es lo que queremos“.

Acordaron hablar con los líderes de la CGT para profundizar las medidas de fuerza contra el Gobierno y este jueves darán una conferencia de prensa para explicar su posición, que, en los hechos, significa mucha más presión sobre el triunvirato cegetista para acentuar la ofensiva del sindicalismo contra la reforma laboral.

El día después del paro general de la CGT pondrá a prueba la verdadera consistencia del sector dialoguista. ¿Podrá eludir la jugada de un ala dura que se extiende y empuja por protestas extremas? ¿Logrará consensos internos para evitar una ruptura interna? ¿Cómo seguirá manifestando su rechazo a la reforma laboral sin tomar un camino con aroma destituyente?

Aunque este jueves consiga paralizar el país, la CGT se enfrenta a un desafío muy complejo. El viejo lema del metalúrgico Augusto Timoteo Vandor de “golpear para negociar”, clave en la estrategia pragmática del sindicalismo, puede convertirse hoy en “golpear sin negociar” o, peor aún, en “golpear por golpear” si la central obrera no sale de la confrontación sin fin.

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