“Deuda cognitiva”: la llegada de la IA Gemini a las escuelas primarias de la Ciudad desata un debate entre expertos

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La inteligencia artificial (IA) marca el ritmo de la educación del futuro. Lo que comenzó como una herramienta de consulta y estudio utilizada principalmente por estudiantes hoy evoluciona hacia una suerte de asistente educativo dentro del aula, con un rol cada vez más activo en los procesos de enseñanza y aprendizaje.

La Argentina no es ajena a esta transformación: en el marco de su política educativa de alfabetización digital, el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires (CABA) anunció que implementará Google Gemini a las escuelas estatales de nivel primario como herramienta de IA generativa. ¿El objetivo? “Promover el pensamiento crítico, la resolución de problemas y el uso responsable de la tecnología desde edades tempranas”, según indica un comunicado del Ministerio de Educación de CABA.

La medida despertó un fuerte debate entre expertos en educación, en especial por el impacto de esta tecnología en los procesos de aprendizaje. “Usar una IA genérica en el aula es como darle a un chico una enciclopedia abierta sin índice, sin contexto y sin un adulto que lo acompañe. Puede ser útil, sí, pero también puede ser confusa, inapropiada o directamente contraproducente”, explica Daniela Buján, cofundadora de Auroria, la primera plataforma de IA desarrollada exclusivamente con objetivos pedagógicos en la Argentina.

Una de las principales críticas que Buján realiza a herramientas como Gemini es la entrega de respuestas directas y completas. “En términos pedagógicos, puede generar lo que muchos especialistas llaman ’deuda cognitiva’: los chicos obtienen resultados sin haber transitado el proceso de pensar. Y ese proceso es, justamente, lo que construye aprendizaje real”, profundiza.

También remarca que Gemini “no fue pensada para niños ni para el aula”: “los propios términos y condiciones de Gemini desaconsejan su uso para menores de 13 años, es decir, la totalidad del nivel primario al que la Ciudad acaba de habilitarle el acceso”.

Estudios del MIT señalan que el uso de IA podría perjudicar el aprendizaje, principalmente en los rangos etarios más jóvenes. En detalle, una investigación reveló que, al escribir con ayuda de IA, la conectividad neural cae hasta un 55%. A su vez, el 83% de los participantes que usaron IA para redactar un texto no recordaban nada de lo escrito minutos después.

En este escenario, Suecia —país que en 2009 impulsó un plan de “digitalización” de las escuelas, con un abandono progresivo de los libros en reemplazo de dispositivos tecnológicos, como computadoras y tablets— decidió destinar 176 millones de coronas suecas a la compra de libros en 2024, de acuerdo a un comunicado del gobierno sueco. En 2025, la cifra ascendió a 480 millones.

¿El motivo detrás de esta iniciativa? La caída en los índices de alfabetización de las pruebas PISA, producto del uso creciente de pantallas, según señala un artículo de The Times.

IA en el aula: nuevos desafíos

Buján considera fundamental enseñar a los estudiantes a “pensar junto a la IA”, en lugar de depender de ella. “Eso significa mostrarles que la IA no tiene la verdad absoluta, que puede equivocarse, y que lo más valioso no es la respuesta que les da, sino la pregunta que ellos son capaces de formular”, agrega.

En esta línea, Sergio Sirotinsky, profesor de IA en la Universidad del CEMA, sostiene que la inclusión de IA en las aulas debe ser acompañado de un refuerzo de matemáticas, la resolución de problemas y el razonamiento lógico. “En esos espacios, el alumno tiene que recorrer el camino por sí mismo, equivocarse, volver a intentar y construir su propio entendimiento. La tecnología puede ser un gran apoyo, pero no debería reemplazar ese proceso, que es donde realmente se desarrolla la capacidad de pensar”, detalla.

La inteligencia artificial tiene un rol cada vez más activo en los procesos de enseñanza y aprendizaje

Pablo Aristizábal, fundador y CEO de Flex Flix, la primera infraestructura de IA para la educación en las aulas, implementada por los gobiernos de Mendoza y Entre Ríos, Perú y Chile, comparte una mirada similar: “Primero se forma el pensamiento, después se incorporan las herramientas. Si invertimos ese orden, corremos un riesgo grande: criar generaciones que saben usar tecnología, pero que no saben pensar por sí mismas”.

Y reflexiona: “El verdadero valor de estas tecnologías aparece cuando se usan para ampliar las capacidades humanas, sino, ¿cuál sería el sentido?“.

Por su parte, Santiago Bellomo, decano de la Escuela de Educación de la Universidad Austral, destaca que la variedad de formatos de Gemini, como imágenes, textos y audios, puede diversificar los recursos pedagógicos dentro del aula. Sin embargo, también advierte que los efectos de esta tecnología dependerán del modo en que sea utilizada: “Gemini puede contribuir a formar el pensamiento crítico. Y también a deformarlo”.

El proyecto pedagógico, dice el experto, es el factor determinante: “Proveeer tecnología sin un proyecto pedagógico es como llevar una pelota de fútbol al aula para enseñar geometría: los chicos la usarán para socializar y divertirse, sin mayor provecho pedagógico y con riesgo de dispersión y distracción”. En ese sentido, opina que la IA debe ser entendida y utilizada como una “garrocha” para impulsar a los estudiantes, en lugar de “muleta”.

¿Dependencia tecnológica?

Otro de los puntos que despierta incertidumbre entre los expertos es la posibilidad de que esta tecnología genere cierta dependencia en los alumnos. “Los modelos de IA conversacional están diseñados para maximizar el engagement, no el aprendizaje. Responden con empatía simulada, validan emocionalmente y generan sensación de compañía”, describe Buján. Para la experta, estas características pueden “derivar en dependencia tecnológica y vínculos sustitutivos” en niños y adolescentes que se encuentran en pleno desarrollo emocional.

Aristizábal opina que todo depende del diseño pedagógico. “Si la IA se usa como una calculadora que resuelve todo, es muy probable que genere dependencia cognitiva”, ejemplifica.

En tanto, Bellomo subraya que el uso de IA generativa “todavía” no está tan asociado al entretenimiento y la socialización, ni tampoco presenta las características adictivas de redes sociales como TikTok o Instagram. “Digo ‘todavía’ porque estas herramientas son tan versátiles que los chicos mismos pueden encontrarles usos ‘divertidos’ que los atrapen”, suma.

Para Bellomo, la IA debe ser entendida y utilizada como una “garrocha” para impulsar a los estudiantes, en lugar de “muleta”

Por este motivo, Bellomo señala como esencial que los actores del sistema educativo se involucren y “no dejen a los chicos solos”.

Bajo esa línea, Sirotinsky remarca la importancia de abrir espacios de diálogo entre padres, docentes y directivos: “El desafío es enseñar a los alumnos a usar estas herramientas con criterio, entendiendo cuándo apoyarse en ellas y cuándo es importante resolver las cosas por sí mismos».

La respuesta del Ministerio de Educación de CABA

Frente a las críticas y observaciones a la incorporación de Gemini a las escuelas estatales de Nivel Primario, LA NACION consultó al Ministerio de Educación de CABA. “La IA ya forma parte del mundo en el que crecen los chicos. La escuela, entonces, tiene la responsabilidad de convertir esa tecnología en una oportunidad de aprendizaje, y no dejarla únicamente en el terreno del consumo informal”, señalan desde el Ministerio.

En este sentido, explican que la medida incorpora “IA cuidada, curada y guiada a partir de quinto grado para desarrollar el conocimiento y la comprensión del uso de la IA por parte de docentes y estudiantes», en línea con los marcos de organismos internacionales, como Unesco.

“El foco no está solo en usar herramientas, sino en que los estudiantes comprendan cómo funciona la IA, cuáles son sus límites, qué riesgos presenta y cuándo no debe usarse”, enfatizan.

A su vez, indican que la decisión de integrar esta tecnología al Nivel Primario se debe a la experiencia previa en el Nivel Secundario. Allí, se registró una “buena recepción” por parte de estudiantes y docentes, en especial por el trabajo pedagógico sobre su uso crítico y responsable.

Por otro lado, sostienen que la IA no reemplaza el rol docente, sino que lo “redefine y potencia”. “El docente continúa siendo quien guía los procesos de aprendizaje, pero ahora cuenta con nuevas herramientas para enriquecer su trabajo”, profundizan.

Y agregan: “La IA puede ayudar a generar ideas de actividades, variantes por nivel, consignas o secuencias didácticas que luego el docente adapta según sus objetivos pedagógicos”. Además, los alumnos pueden hacer uso de la herramienta “siempre con la mediación” de sus profesores.

Respecto a los filtros de contenido y políticas reforzadas para menores de edad, fuentes del Ministerio aclaran que los estudiantes no acceden a la IA desde un entorno abierto de internet, sino desde un ecosistema educativo institucional, con diferentes capas de protección.

“La IA no se incorpora de manera improvisada ni por fuera de un marco educativo. El trabajo escolar siempre parte de una premisa clara: la IA no reemplaza al docente ni al criterio pedagógico, sino que se usa en un entorno institucional, transparente y acompañado”, concluyen.

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