
La jornada de ayer transcurrió con extrema tensión en un oficialismo que venía del fracaso del retiro de la ley de Tierras y no podía darse el lujo de otra derrota. En Casa Rosada se mostraban convencidos de que no habría incidentes —cosa que terminó ocurriendo— y de que no habría necesidad de hacer cambios —cosa que también se cumplió, con la ley de manejo del fuego. Y hoy, durante la mañana, la búsqueda de responsables se extendía en el oficialismo por segundo día consecutivo.
Javier y Karina Milei estaban decididos a sostener todo el paquete, pero no pudieron, y al panorama se sumaron los serios incidentes en la calle. Pero en el Gobierno apenas hacían un mea culpa por el fracaso legislativo de anoche, que se sumó la caída, previa, del capítulo de Tierras de la llamada “ley de propiedad privada”.
Todos los cañones apuntaban contra Federico Sturzenegger, por impulsar una ley demasiado abarcativa. En Desregulación hicieron caso omiso a las críticas. “Seguimos trabajando con las desregulaciones como siempre”, dijeron en su entorno. Puertas adentro, sin embargo, no le dieron crédito a los cuestionamientos que circulaban off the récord desde el entorno de la más alta funcionaria del Gobierno, Karina Milei
El de Sturzenegger es un clásico caso de disidencia entre Javier Milei y su hermana Karina: él lo banca a ciegas, ella lo cuestiona por “cortarse solo”.
En el Gobierno también fingieron demencia con la cantidad de gente que asistió a la marcha -en Seguridad minimizaban la cifra- y con el resultado de detenidos y heridos. Buscaban atribuir los incidentes “a los violentos” —que los hubo— pero negaban la existencia de columnas de manifestantes autoconvocados contra la ley que no pudieron llegar a la plaza del Congreso por los gases lacrimógenos, las balas de goma y los vallados.
El saldo fue de 12 detenidos y varios heridos. La marcha reunió a una multitud de miles, sin que se diera una cifra oficial de asistentes.

Al igual que en los días previos, en el oficialismo se mostraban confiados hacia la media tarde, cuando todavía faltaban unas ocho horas para la votación. Incluso en el entorno de Patricia Bullrich —que había sido eje de críticas por mostrarse demasiado confiada en la mesa política antes de la caída del capítulo 3— aseguraban que la ley salía sin modificaciones. Ocurrió lo contrario, a la madrugada, y en el Gobierno volvieron a tirar dardos contra la jefa de LLA en el Senado.
En el camino, le restaron relevancia al “triunfo” de Bullrich por el rechazo a la votación a distancia de la mendocina K Anabel Fernández Sagasti, que pedía participar de forma electrónica desde Mendoza por cursar un embarazo de alto fiesgo.
La autorización que había dado Victoria Villarruel para que la senadora kirchnerista Anabel Fernández Sagasti había sido un gesto que en el oficialismo habían recibido con furia por sumarle un voto a la oposición y complicar el quórum. Pero el tema quedó “en la nada”, dijeron, y para evitar darle un triunfo a Bullrich agregaron que “perdió peso” después de que el Gobierno se diera por vencido con la ley de tierras, el miércoles, antes de que arrancara la sesión.
Mientras tanto, Milei se encontraba fuera del país y prácticamente desconectado de lo que ocurría. Recién sobre la tarde, desde Quito y antes de volar a Colombia, lanzó una serie de retuits de respaldo a Sturzenegger y a Bullrich. El clima en el Gobierno era distinto.
En la Casa Rosada, mientras criticaban al ministro y a la senadora, admitieron una lectura autocrítica sólo sobre el área de la comunicación: “Dejamos que el kirchnerismo instale que íbamos a vender la soberanía y quedó eso. Es lo contrario: se la defiende más. Ponés doble control de Nación y provincia. La base china nunca se podría haber dado bajo esta ley”, deslizó un funcionario, que lamentó especialmente que salieran varios artistas a cuestionar
Ahora en la Casa Rosada dicen que ya no van a enfocarse en proyectos de desregulación. Sturzenegger, sin embargo, sostiene que sigue firme con la agenda.



