Milei, la pelea con Lula y el apoyo a Keiko Fujimori: una apuesta regional dominada por la necesidad local

0
13

Javier Milei, en el acto de San Pablo, junto a Flávio Bolsonaro

Javier Milei celebra en estas horas la asunción de Keiko Fujimori como presidenta de Perú. Es una nueva muestra de su aspiración a liderar lo que define como una “ola” de gobiernos derechistas en la región. En diez días, añadirá otro gesto similar, cuando asista al recambio presidencial en Colombia. El viaje a Lima se produce después de un fin de semana marcado por la tensión con Brasil, efecto inmediato de sus insultos a Lula da Silva en el lanzamiento electoral de Flávio Bolsonaro. Todo es parte de su apuesta en el frente externo, que especialmente en el caso brasileño asoma dominada por la necesidad local: tratar de manejar la agenda pública, recuperar iniciativa política.

El recurso, de todas maneras, no es absolutamente nuevo. La intención de fabricar un enemigo o recrear esa construcción es parte sustancial de un ejercicio político repetido, no solo en la gestión libertaria. Y ese motor aparece más claro aún en el segundo tramo de la disputa con Lula da Silva: a la descalificación personal, añadió la afirmación -por ahora, sin categoría de denuncia- sobre el financiamiento de Brasil a una supuesta “campaña anti-argentina” de escala internacional. Pasó casi inadvertido, pero en esa línea incluyó a México, algo que tuvo una rápida desmentida y un reclamo de respeto por parte de la presidenta Claudia Sheinbaum.

El Presidente recurrió a la frase “campaña anti-argentina” -de pésimo eco por su uso durante la última dictadura- que surgió en los días de la final mundialista. Y buscó explotar ese efecto, sobre todo en las redes, después de un Mundial que descolocó por momentos al Gobierno, como expusieron un cruce inentendible con Messi, el cálculo sobre el regreso de los jugadores y, de manera más visible, el capítulo Malvinas.

La semana post Mundial volvió a correr uno de los focos de la realidad hacia la política. Y el oficialismo buscó dar señales de contención de la interna y renovó la apuesta a reactivar el Congreso: avanzar con las iniciativas que se encuentran frenadas (inviolabilidad de la propiedad privada, reforma electoral y régimen de zonas frías, entre otras) y sumar nuevos proyectos. Fue enviada la segunda versión de la Inocencia Fiscal y se espera la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central.

El Congreso consume sus días de vacaciones de invierno y recién en la primera semana de agosto podría ser retomada la actividad. Por el momento, el Gobierno tiene dificultades para darle forma legislativa a su intento de “recuperar” el manejo de la agenda. Y en espejo, genera demanda política sobre la economía. La visita de Kristalina Georgieva tuvo impacto en ese contexto -por el gesto de la presencia y el respaldo a la gestión económica, antes que por anuncios-, aunque tuvo que convivir mediáticamente con el tema Brasil.

El paso de los días que siguieron al Mundial había agregado la difusión de datos económicos significativos por parte del INDEC: evolución de los salarios -siempre a relacionar con la marcha de la inflación-, el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) y ventas en supermercados y mayoristas, todo sobre mayo. Señales no siempre lineales, pero en general inquietantes a las que se sumaron en similar sentido informes de consultoras privadas (sobre consumo, por ejemplo) y de entidades sectoriales (como la UIA y la cámara de empresas metalúrgicas). En la última semana del fútbol mundialista, al revés, el Gobierno había podido celebrar la desaceleración del índice de precios en junio. Y hay expectativas sobre el mes que va terminando.

Lula da Silva, apuntado por Milei. Prefirió responder con una ironía

En cualquier caso, el discurso de Milei en San Pablo, junto a Bolsonaro (h) y las posteriores declaraciones sobre supuestas campañas contra el país ocuparon el primer renglón del temario mediático y marcaron cruces en las redes. Por supuesto, no quedó en discusión el objetivo presidencial de ganar liderazgo en el nuevo mapa regional. Eso, en todo caso, es tema de debate político. En cambio, la andanada contra el presidente brasileño pudo incluir ese objetivo, pero lo trascendió largamente al calificarlo como “ladrón” y “presidiario”.

En el terreno estrictamente diplomático, generó una respuesta de Brasilia que incluyó el llamado a consultas de su embajador en Buenos Aires, Julio Bitelli, y el pedido de explicaciones al representante argentino en Brasil, Daniel Raimondi. La tensión escaló hasta ese punto y está abierto el final, más allá de la ironía del presidente brasileño ninguneando a Milei y de lo que aparece como decisión del Gobierno de no ofrecer nada parecido a una disculpa diplomática.

Por supuesto, el tema tiene también sentido de política interna para Lula da Silva, en campaña para las elecciones de principios de octubre, y registra antecedentes de incursión en la política local. Nada de lo que ocurre en estas horas borra el cuestionamiento a tales intervenciones, ni a las propias. Ahora, el punto es que se cruzó esa línea no por el respaldo presencial a Flávio Bolsonaro, sino por la descalificación al presidente brasileño.

De todos modos, la comparación entre el caso reciente de Milei y anteriores gestos de Lula da Silva -la visita a Cristina Fernández de Kirchner, hace un año, o la asistencia de asesores suyos en la campaña massista– surgió como un recurso de cuentas mileistas en las redes y hasta fue utilizada por Pablo Quirno. Una reacción, en el caso del canciller, insostenible.

La persistencia del tema en el temario público dependerá, claro, de la superación o aumento de la tensión diplomática. Pesarán los gestos y palabras presidenciales, ahora en el clima de asunción de Keiko Fujimori como presidenta. Allí estará también el canciller brasileño, Mauro Vieira. Lo dicho: final abierto.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí