Removieron al funcionario que se enfrentó al embajador argentino en España por quitarle su despacho

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El Embajador argentino en España, Alejandro Bunge (izquierda), y el Agregado de Inversiones de la Embajada de España, Alejandro Nimo (derecha), en retratos individuales.

El episodio que escaló en un conflicto interno entre el consejero y cónsul general de Argentina ante España, Alejandro Nimo, y el embajador Wenceslao Bunge Saravia, puso un punto y aparte este martes con una decisión que tomó el Gobierno mediante un decreto publicado en Boletín Oficial que dispuso el cese del primer funcionario diplomático.

El decreto 588/2026, firmado por el canciller Pablo Quirno, estableció que Nimo, quien se desempeñaba como Agregado Especializado en el Área de Promoción de Inversiones y Comercio Internacional de la Embajada desde agosto de 2024, concluya con sus tareas después de casi dos años al frente de un área clave para la captación de capital europeo para el país. Lo habían elegido por reunir “las condiciones de idoneidad profesional necesarias para desempeñar dicho cargo”.

Por su parte, la administración libertaria fundamentó la necesidad de “lograr una mejor eficiencia del funcionamiento” de la representación diplomática en Madrid. En el documento, el Ejecutivo argumentó que “el ejercicio de las funciones asignadas exige una actuación acorde con los lineamientos, directrices e instrucciones impartidos por el Estado Nacional en materia de política exterior”.

La publicación de Nimo

La designación original del “mileista, menemista y guerrero de la Batalla Cultural!”, como se define en su perfil, partía de argumentar la necesidad de “fortalecer la presencia” del Estado argentino en distintas representaciones en el exterior, con el objetivo de “acompañar las proyecciones de las políticas comerciales y económicas” del Gobierno, en particular en materia de comercio internacional e inversiones.

Al momento de su nombramiento, Nimo recibió rango de Consejero de Embajada y Cónsul General al solo efecto protocolar, mientras durara su función.

La disputa entre ambos funcionarios saltó a la luz tres meses antes de que el Gobierno firmara el cese. Nimo y Bunge Saravia habían tenido un desencuentro que anticipó el desenlace que se formalizó este martes en el Boletín Oficial. El episodio que detonó el conflicto fue la decisión del embajador de retirarle el despacho a Nimo dentro de la sede diplomática, ubicada en la calle Fernando El Santo 15, en el barrio de Salamanca, Madrid.

El embajador argentino en España, Wenceslao Bunge Saravia junto a la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei y el presidente Javier Milei

Según supo Infobae en aquel entonces, la medida se enmarcó formalmente en una reestructuración interna. La Embajada Argentina no renovaría el alquiler del piso donde funcionaba el Consulado General, lo que obligó a redistribuir los espacios disponibles entre el personal. Esa decisión fue comunicada mediante un memo interno enviado por correo electrónico oficial a los más de 40 empleados que trabajan en el edificio.

Nimo, sin embargo, no aceptó esa explicación y llevó el conflicto a la red social X. “Quiero aclarar que no se trata de que me hayan desplazado del cargo, sino que simplemente, por decisión del embajador Bunge, me han quitado el despacho en la que trabajaba y atendía a los empresarios que invierten en Argentina“, escribió. En ese mismo mensaje sostuvo que ese espacio “se había convertido en un símbolo y un sitio de convergencia” de quienes apoyan las ideas del presidente Javier Milei en España, y concluyó con una frase que sintetizó su lectura del episodio: “Deshacerse de mi oficina no fue deshacerse de mí. Fue deshacerse de un símbolo.”

El posteo derivó en una impugnación política directa al embajador. “Me preocupa su falta de compromiso con el achicamiento del Estado y el cumplimiento de las premisas de responsabilidad fiscal que pregona nuestro Presidente”, afirmó Nimo. También señaló que había intentado acercarle propuestas para reducir el gasto de la representación diplomática, sin obtener respuesta.

Detrás de ese episodio puntual existía una tensión acumulada durante meses, según pudo conocer este medio. El abogado, identificado con el ideario libertario y discípulo del economista español Jesús Huerta de Soto, había desarrollado en Madrid una agenda propia de reuniones con empresarios y actores del sector privado, con contactos en los sectores alimentario y ferroviario y compromisos de inversión por más de 2.500 millones de euros. Esa actividad, desplegada en paralelo a la agenda institucional de la embajada, generó fricciones por la superposición de interlocutores y la autonomía en la gestión de reuniones.

El factor que terminó de escalar el conflicto fue una entrevista que Nimo concedió a un influencer en redes sociales, donde defendió la política de austeridad fiscal del Gobierno argentino, reivindicó la “batalla cultural” y formuló críticas al gobierno de Pedro Sánchez.






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