
El jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Jorge Macri, admitió que el caso del jefe de Gabinete, Manuel Adorni, investigado por presunto enriquecimiento ilícito y envuelto en una polémica que lleva más de tres meses en boca de los medios y la oposición, “está complicando al Gobierno”, pero evitó sumarse al pedido de desplazamiento, ya que rechazó decirle al presidente Javier Milei cómo debe armar su equipo.
El jefe de Gobierno porteño sostuvo en Radio Mitre que la crisis afecta incluso la capacidad oficial para “contar las cosas que están bien” y la vinculó con un freno político en medio de la agenda legislativa.
“Es muy difícil imaginar que el Gobierno hoy pueda sacar un paquete de leyes como el que logramos sacar esta semana en la ciudad en el medio de este tema», consideró, y subrayó: “Lo que sí espero es que se resuelva rápido y que no le hagamos el caldo gordo tampoco a un montón de especuladores políticos que hoy se paran con el cuchillo entre los dientes para ver si pueden lastimar y en el pasado han sido tremendamente oscuros en lo que hace a la transparencia, al respeto a las instituciones».
En la misma entrevista, Macri subrayó un dato que usó para contrastar ese escenario con la dinámica porteña: la ley de financiamiento para la línea F del subte fue aprobada por 56 o 57 legisladores y tuvo un solo voto en contra. Presentó ese resultado como una prueba de acuerdos amplios en la Legislatura y como una señal de que, cuando el clima político acompaña, es posible avanzar con paquetes de leyes.

El alcalde también afirmó que la relación entre el PRO y La Libertad Avanza en la ciudad “es mucho mejor” que antes. Atribuyó esa mejora a una maduración del vínculo, al conocimiento mutuo y a que el oficialismo libertario observa una gestión que, según dijo, busca que al Presidente “le vaya bien”.
Macri habló sobre dos planos a la vez: la tensión que el caso Adorni le abre a la Casa Rosada y la convivencia política que su administración logró construir en la Ciudad con libertarios, peronistas y otros bloques.
La definición siguiente fijó su límite político frente a la crisis: “Yo no le voy a decir al presidente cómo tiene que armar su equipo”. Macri completó esa idea con un criterio de autonomía de gestión: cada gobernador arma su equipo y explica por qué cada funcionario ocupa su cargo.
La mejora con La Libertad Avanza apareció como el dato político de fondo
Cuando le preguntaron si había un mejor clima con el oficialismo libertario, Macri respondió sin rodeos: “Hoy la relación con la Libertad Avanza en la ciudad es mucho mejor que la que teníamos antes”. No habló de un acuerdo electoral cerrado para 2025, pero sí describió un proceso de acercamiento.

El jefe de Gobierno explicó esa mejora con tres elementos. Dijo que las relaciones “han ido madurando”, que ambas partes “se han ido conociendo” y que los libertarios “están viendo mi gestión”. Sobre ese punto agregó una definición política más amplia: “Yo soy de los que quieren que al presidente le vaya bien. No quiero que le vaya mal”.
Esa posición apareció reforzada cuando le consultaron por un posible entendimiento electoral en la Ciudad de Buenos Aires el año próximo. Su respuesta fue que “falta mucho” y que no lo sabe, aunque remarcó que hay que hacer “todo lo posible para que el país no vuelva al pasado”.
Los acuerdos legislativos en la Ciudad
Macri describió la última sesión de la Legislatura como una jornada de acuerdos entre bloques distintos. Mencionó la ley “antitrapitos”, el financiamiento de la línea F, una norma de desregulación impulsada por libertarios y un esquema para refinanciar deudas familiares que surgió desde el espacio de Leandro Santoro.
Sobre la relación con los libertarios en ese terreno, dijo que varias normas estaban “más en sintonía” con La Libertad Avanza y que algunas fueron propuestas por ese bloque. Citó en particular iniciativas de Pilar Ramírez y aclaró que su gobierno las tomó, las discutió, hizo aportes y las convirtió en ley.
También incorporó al peronismo en esa lógica de acuerdos. Señaló que el proyecto sobre endeudamiento familiar fue una idea del legislador kirchnerista Leandro Santoro, que luego se trabajó con el banco y derivó en una ley para asistir a familias con deudas de hasta $6 millones y una tasa tope del 35%.
Entre las normas aprobadas, Macri puso en primer plano la ley contra los trapitos. Sostuvo que hasta ahora la única herramienta disponible era la multa y que eso volvía ineficaz la intervención estatal porque, según describió, los infractores “se reían en la cara” de la policía.
Con la nueva ley, afirmó, habrá posibilidad de detención de hasta 60 días. Aseguró que la reglamentación ya está preparada y que la Ciudad podrá probar la extorsión con denuncias, cámaras con audio y agentes de civil.
Para explicar la diferencia entre un pedido de dinero y una conducta delictiva, describió la escena de un cuidacoches que exige “50 mil pesos” y amenaza con dañar el auto si no recibe el pago. A partir de esa distinción, sostuvo que la Ciudad podrá “terminar con esta mafia”, tanto en grandes eventos como en zonas gastronómicas de barrios como Palermo y Villa Crespo.



