Es argentina, incubó una startup en el MIT y hoy financia a los trabajadores que rechazan los bancos

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El acceso al crédito no es solo una herramienta financiera: es, en muchos casos, la puerta de entrada para que una familia o emprendimiento pueda prosperar. Aún así, un informe del Banco Mundial asegura que en las economías de ingreso bajo y mediano solo alrededor de la cuarta parte de los adultos utilizó el crédito formal en 2024. ¿La solución que encuentran? Acuden a préstamos informales, con las condiciones precarias que esto conlleva. Pero una emprendedora argentina, con la mirada observadora e inquieta que heredó de su familia, empezó a explorar una posible solución que permitiera abrir las puertas a los trabajadores que rechaza el sistema. Hoy, con la ayuda de la inteligencia artificial, ha logrado impulsar a más de 300.000 personas que estaban en la economía informal.

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Nacida en Buenos Aires, en una familia de emprendedores dueños de una pyme vendedora de cortinas y alfombras, Mercedes Bidart creció desde chica con el mismo inconformismo creativo propio de esta vocación. Estudió Ciencia Política en la Universidad de Buenos Aires y fue voluntaria durante mucho tiempo en Techo, organización que trabaja en asentamientos populares para afrontar el problema de vivienda y hábitat. “Estaba obsesionada con cómo la tecnología podía apoyar el crecimiento de negocios como el de mis padres”, describe, al hablar de sus inquietudes.

Tiempo después, tuvo la posibilidad de cursar una maestría de planificación urbana en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), con el objetivo de estudiar las ciudades y conocer cómo solucionar sus problemas. Ya desde su primer semestre en el MIT ganó una financiación para poner en marcha un trabajo que postuló. ¿La iniciativa? Un proyecto que fue tomando forma poco a poco, pero que esencialmente buscaba generar un marketplace para las personas que trabajan en la informalidad, un espacio digital donde puedan darse a conocer y vender sus productos en sus barrios, con un sistema de trueque, sin necesidad de usar moneda fiat. “Si alguien cortaba el pelo, podía ganar puntos y usarlos después en el mismo barrio en otros servicios”, explica la emprendedora.

Un informe del Banco Mundial asegura que en las economías de ingreso bajo y mediano solo alrededor de la cuarta parte de los adultos utilizó el crédito formal en 2024

Con esa primera idea, fruto de su tesis de maestría, ingresó a una incubadora enfocada en empresas interesadas en generar soluciones para las ciudades. En medio de sus estudios y de la puesta en marcha de esta idea, participó de un congreso de vivienda en Boston, donde conoció a la Fundación Santo Domingo, una organización colombiana que desarrolla vivienda pública. Al escuchar su idea, no lo dudaron: le propusieron llevar el proyecto a su país. De esta forma, se estaban dando los primeros pasos para la creación de Quipu.

La IA en el mundo de los préstamos

“En ese primer año y medio, nada salía bien. Sin embargo, el trabajo nos ayudó a recopilar información que nos permitió entender los problemas que había en los barrios”, detalla Bidart, al contar los inicios del proyecto. ¿Qué detectaron? Aquellos trabajadores que tenían microemprendimientos como un pequeño restaurante o alguien que hacía uñas a domicilio, buscaban créditos para sus negocios, para comprar material, insumos. “Estaban saliendo de la pandemia, necesitaban capital para reinsertarse en la economía, pero muchas veces terminaban accediendo a un prestamista informal, porque no califican para otro tipo de créditos”, recuerda Bidart, quien identificó que ninguna de las fundaciones o microfinancieras estaban aprobando créditos para este tipo de personas.

Pero caminar por esas calles le hizo entender también las oportunidades que existían: “En estos barrios donde hice mi investigación no necesitabas una tarjeta de crédito para comprar el almuerzo. Era suficiente para el dueño de un negocio el saber quién eras: si tu madre había tenido un buen antecedente en devolución de préstamos, si saludabas por la mañana. Eso bastaba para que te prestaran arroz, azúcar o pan. La economía no se basaba solo en el efectivo, sino en la confianza”, recuerda Bidart.

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La solución no se hizo esperar: aprovechando el potencial que trajo la inteligencia artificial, crearon modelos predictivos de capacidad y probabilidad de pago, que analizan la información en tiempo real, leyendo el presente: desde movimientos en redes sociales, videos del negocio y comportamientos en billeteras y transacciones. No importa si el historial crediticio fue negativo o inexistente: lo que cuenta es el desempeño actual del negocio.

El sistema utiliza modelos de probabilidad de pago y de renovación y cobranza. Vale aclarar que todo el proceso de aprobación y seguimiento del crédito está hecho con agentes de IA, algo que les ha permitido crecer mes a mes en el número de clientes, pero manteniendo el mismo equipo.

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De esta forma, microempresarios que nunca tuvieron historial crediticio pueden solicitar capital de trabajo en 15 minutos por WhatsApp. La plataforma Quipu generó puntajes para más de 300.000 usuarios y facilitó más de US$8 millones en préstamos. “Al 90% de nuestros clientes los han rechazado en otras centrales de riesgo. Estamos aprobando a un 25% de todos los candidatos que se presentan y que no habían sido aceptados por el sistema”, explica Bidart.

Nuevas fronteras

Con la última ronda de inversión cerrada en febrero de 2026, la startup ha levantado un capital total de US$4,6 millones, de la mano de inversores como Impacta VC, Grupo Bancolombia, Caffeinated Capital, Decelera, Vertical Partners, Corteza Capital, Inclusive Fintech 50 y Comfama.

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Además, han comercializado la tecnología con terceros: billeteras digitales, microfinancieras, cooperativas e incluso retailers usan sus modelos para predecir si sus clientes podrán enfrentar los pagos. En el último tiempo, han desarrollado su propia cartera de crédito y ya cuentan con 30.000 clientes activos en Colombia de este producto.

Su trabajo ya ha sido destacado por otras organizaciones y, en 2024, fue una de las tres latinoamericanas reconocidas por el Cartier Women’s Initiative, por su aporte a la construcción de un mundo más equitativo y justo. Además, formó parte de los Premios Ignite, organizados por el Foro Latinoamericano de Inversión de Impacto.

Además, integra We Invest, una comunidad de mujeres que invierten en América Latina a través de capital de riesgo, capital privado, oficinas familiares, aceleradoras e inversiones ángel. Con su trabajo, impulsan la equidad en el capital privado en América Latina, conectando y potenciando a más de 420 mujeres inversoras.

¿Con qué sueña a futuro? Espera poder hacer la serie A de financiación para Quipu a principios del año que viene, algo que permitirá seguir ampliando el acceso al crédito y abrir nuevas oportunidades para más personas. En sus palabras: “La proyección es crecer en crédito propio y sumar más organizaciones que quieran usar la tecnología para aprobar a más personas y generar más oportunidades”.

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