Data centers en el espacio: Orbital prepara su primera misión en 2027 para impulsar la inteligencia artificial

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La carrera por llevar los centros de datos de inteligencia artificial al espacio se acelera. Mientras que gigantes como SpaceX, Amazon y Google ya hicieron pública su intención de instalar una serie de satélites, alimentados por energía solar, una startup presentó su plan y fijó la fecha para su primera misión.

Orbital, fundada por el emprendedor Euwyn Poon (42), avanza con un plan para construir y operar infraestructura de computación en órbita terrestre baja, alimentada por energía solar continua y refrigerada mediante la radiación directa del calor en el vacío. La apuesta busca resolver dos de los principales cuellos de botella de la IA en la Tierra: el acceso a electricidad y la gestión térmica de los sistemas.

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Con el respaldo del fondo a16z Speedrun, la compañía confirmó que su primera misión de prueba, Orbital-1, será lanzada en abril de 2027 a bordo de un cohete Falcon 9 de SpaceX. El objetivo es validar el funcionamiento sostenido de los GPU [chips especializados diseñados para acelerar el procesamiento de imágenes, video y gráficos] en el espacio, medir su resistencia a la radiación y, en una etapa inicial, ejecutar cargas de trabajo de inferencia de inteligencia artificial con fines comerciales.

El proyecto se apoya en una lógica técnica específica: mientras que el entrenamiento de grandes modelos requiere miles de chips interconectados con latencia mínima [el retraso de tiempo entre que un componente solicita un dato y el componente destino lo entrega] -algo inviable en órbita-, la inferencia [la capacidad de un modelo de IA para inferir o extrapolar conclusiones a partir de datos nuevos] permite distribuir tareas en múltiples nodos independientes. Es ahí donde Orbital ve la oportunidad de escalar, a través de una constelación de satélites que operen en paralelo.

Poon creó Spin, una empresa de micromovilidad que luego vendió a Ford

Cada unidad estará equipada con pequeños clústeres de GPU de última generación, alimentados por paneles solares y diseñados para operar sin interrupciones en órbitas heliosíncronas, donde la energía está disponible las 24 horas. En paralelo, la empresa inauguró Factory-1, su centro de investigación y desarrollo en Los Ángeles, desde donde busca avanzar hacia la fabricación a escala.

El desafío no es menor. La compañía proyecta una constelación de hasta 10.000 satélites, con un costo estimado de US$5 millones por unidad, lo que implica una inversión potencial de US$50.000 millones. En ese camino, también inició gestiones ante la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC) para obtener la autorización necesaria para desplegar esta nueva infraestructura.

Antes de fundar Orbital, Poon -nacido en Singapur- construyó una carrera poco convencional: fue abogado corporativo, pasó por Y Combinator y creó Spin, una empresa de micromovilidad que terminó siendo adquirida por Ford. Más tarde, al invertir en centros de datos tradicionales, detectó el límite energético que hoy busca resolver desde el espacio.

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“La economía de los centros de datos está dominada por la electricidad y la refrigeración, y ambas son cada vez más difíciles de gestionar. En órbita, la energía solar es continua y la refrigeración es fundamentalmente diferente. Orbital está construyendo una infraestructura informática que elimina el límite energético y se adapta al potencial de la IA”, señaló Poon.

Antes de fundar Orbital, Poon -nacido en Singapur- construyó una carrera poco convencional

En diálogo con LA NACION, Euwyn Poon detalla los objetivos de la primera misión, los desafíos técnicos y regulatorios, y la apuesta por una nueva capa de infraestructura global.

-¿Qué objetivos tendrá la primera misión de prueba, prevista para 2027?

-El objetivo será descubrir incógnitas y, sobre todo, probar la mayor de ellas: los efectos de la radiación en las GPU y los chips en el espacio. Es una frontera bastante novedosa para todos. Hay pequeñas fallas que pueden surgir por la radiación que incide en las GPU y, a partir de ahí, se trata más bien de una prueba de sistemas en la que queremos demostrar la viabilidad de todo lo que, en teoría, funciona. También evaluaremos si podemos ejecutar inferencias, la latencia involucrada y otros aspectos. Es, en definitiva, una prueba de integración: enviar datos, procesarlos e, idealmente, producir un resultado económicamente viable. Será algo pequeño, pero generar ingresos desde ese servidor en el espacio sería un hito.

-¿Qué métricas indicarían un éxito?

-Para nosotros, el éxito sería llegar a generar ingresos reales, aunque sean mínimos, a partir de un solo servidor. Lograr que toda la prueba funcione sería un resultado muy positivo. La tesis es que podemos convertir la energía solar en órbita en un resultado económicamente útil, medido en dólares, en este caso a través de inteligencia artificial y tokens de IA.

-¿Qué otros socios tecnológicos, además de SpaceX, están colaborando con ustedes?

-Estamos trabajando con otros socios, aunque todavía no los hemos revelado. Serán anunciados más adelante. Nosotros estamos diseñando y fabricando nuestros propios servidores, que es el foco principal de nuestra empresa. En esta etapa inicial, instalaremos esos servidores en la plataforma satelital de un socio para ahorrar tiempo, mientras diseñamos y fabricamos nuestras propias plataformas en Los Ángeles. El objetivo final es centrarnos en la fabricación. Ese es el núcleo del proyecto. Mi experiencia está en la ingeniería informática y la manufactura, y contamos con socios que se encargan de áreas como el lanzamiento, donde participa SpaceX. También formamos parte del programa Nvidia Inception, y evaluamos utilizar su arquitectura más reciente para nuestras misiones futuras. Es un ecosistema amplio, que alcanza desde proveedores de chips y socios de lanzamiento hasta espacio de almacenamiento local. En cuanto a robótica, estamos considerando incorporar algunos socios. El ensamblaje robótico será clave, con la idea de construir una planta en gran medida autónoma en Los Ángeles para fabricar satélites a escala.

-¿Cuánto costará la instalación de la constelación completa?

-Hoy estimamos unos US$5 millones por satélite. Con unas 10.000 unidades, estaríamos hablando de US$50.000 millones. Es una infraestructura de enorme escala, que será desarrollada progresivamente. Tengo experiencia previa en proyectos industriales de gran inversión. En Ford trabajé en iniciativas con inversiones de cientos de millones; dirigí un proyecto en el que diseñamos, fabricamos y desplegamos cientos de millones de monopatines eléctricos en todo el mundo, en Estados Unidos y Europa, por ejemplo. Este es el próximo desafío.

-¿Qué plazos manejan para obtener la autorización para desplegar la constelación de satélites?

-Esta semana presentaremos la solicitud y luego, estimamos unos meses para obtener respuesta. Se trata más de una autorización preliminar que de un permiso operativo. Hoy el espacio, más allá de la órbita baja, está poco regulado. Este paso permite asegurar que no interferimos con otros sistemas de comunicación.

-¿Prevén otros desafíos regulatorios?

-Este es un campo que se irá definiendo en los próximos años. Actualmente hay unos 12.000 satélites en órbita, pero ese número crecerá significativamente. Con más actores y más satélites, será necesaria la coordinación internacional. Las regulaciones suelen aparecer cuando surge la necesidad, y creemos que eso ocurrirá. Personalmente, me interesa ese proceso. En el pasado participé en el desarrollo regulatorio de la micromovilidad en Estados Unidos, y espero con ilusión el día en que empecemos a dialogar con las distintas agencias espaciales del mundo sobre cómo podemos asignar el espacio.

-¿Cómo ve la competencia internacional para dominar la infraestructura de IA?

-Veremos iniciativas de muchos países. La inteligencia se está convirtiendo en un servicio esencial, como la electricidad. Por lo tanto, cada país querrá tener sus propias capacidades. Estoy seguro de que la Argentina, por ejemplo, querrá controlar su propia computación, tener acceso a su territorio y también al espacio. Probablemente, veremos múltiples constelaciones operadas por distintos países, en Estados Unidos, en Europa y en América Latina, e incluso podría haber iniciativas internacionales. Será interesante ver cómo evoluciona.

-¿Qué riesgos enfrentan los satélites y cómo los abordan?

-El principal desafío es que no hay posibilidad de reparación en órbita. Por eso, todo depende de pruebas exhaustivas en tierra. La vida útil estimada de los satélites es de unos cinco años. Luego, son desintegrados en la atmósfera de forma controlada para evitar basura espacial. El sistema está diseñado para ser lo más sostenible posible.

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