“Está devorando la electricidad”: la advertencia del FMI sobre la contaminación que genera la inteligencia artificial

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A medida que se expande el uso de la inteligencia artificial, también crece la infraestructura necesaria para sostenerla.” Un reciente artículo, publicado en la revista oficial del FMI, Finance & Development (F&D), alerta sobre los consumos de recursos que genera este tipo de industria y las consecuencias ambientales que trae aparejadas.

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“Detrás de cada chatbot o generador de imágenes hay servidores que consumen electricidad, sistemas de refrigeración que utilizan agua, chips que dependen de frágiles cadenas de suministro y minerales extraídos de la tierra”, alerta Thijs Van de Graaf, investigador experto en geopolítica y energía, autor del artículo publicado en la revista del FMI. Según el especialista, la creación de centros de datos se multiplica a lo largo del mundo y, algunos de ellos, son llamados centros “hiperescala”, construcciones que tienen necesidades energéticas de decenas de megavatios, comparables a las de una pequeña ciudad.

Los centros de datos ya utilizan alrededor del 1,5% de la electricidad mundial

“La inteligencia artificial está devorando electricidad”, es contundente Van de Graaf y agrega que los centros de datos ya utilizan alrededor del 1,5% de la electricidad mundial, aproximadamente lo mismo que consume el Reino Unido. Aunque explica que solo una parte de esa demanda proviene de la IA, esta se encuentra creciendo con rapidez; de hecho, detalla que “entrenar un modelo avanzado puede consumir tanta energía como la que utilizan miles de hogares en un año, y ejecutarlo a gran escala multiplica esa carga”.

Los datos de la Agencia Internacional de Energía (IEA) confirman este futuro posible: espera que la demanda de los centros de datos se más que duplique para 2030, y la IA sería una de las responsables de gran parte del aumento. Sin ir más lejos, en Irlanda ya utilizan más de una quinta parte de la electricidad nacional, la proporción más elevada entre las economías avanzadas.

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Pero vale aclarar que la creación de chips y centros de datos precisa de un poco más que agua y electricidad: recursos como galio y germanio son necesarios para circuitos avanzados, silicio para los chips, tierras raras para los ventiladores de refrigeración y cobre para el cableado que conecta los servidores. “Para 2030, los centros de datos podrían consumir más de 500.000 toneladas métricas de cobre y 75.000 toneladas de silicio al año, suficientes para elevar su participación en la demanda global al 2%, según la IEA” (que una sola industria -los centros de datos- represente el 2% de toda la demanda mundial de cobre)”, explica el especialista en el artículo, y agrega: “En el caso del galio, el salto sería aún más marcado: los centros de datos podrían representar más de una décima parte de la demanda total”.

Los servidores de IA consumen electricidad, sistemas de refrigeración que utilizan agua, chips y minerales extraídos de la tierra

Vale aclarar que los sistemas de refrigeración de los centros de datos también requieren de millones de galones de agua al día (un millón de galones equivale a 3,78 millones de litros de agua), algo que ha despertado conflictos en lugares como Arizona, donde se discute si el escaso suministro de agua debería destinarse a los hogares o a las grandes tecnológicas.

Van de Graaf explica que las demandas de recursos que genera la inteligencia artificial empujan a los gobiernos a considerar las plantas de energía, las redes eléctricas, el agua y los minerales como parte central de sus políticas digitales. Explica que, si se gestiona bien, el boom de la IA podría acelerar la transición hacia energías limpias y fortalecer cadenas de suministro más resilientes. “No se trata solo de una competencia digital. Es también una competencia material —por electrones, agua, obleas de silicio y minerales. Cómo gobiernos y empresas gestionen esos cimientos determinará no solo quién lidera en inteligencia artificial, sino también qué tan sostenible y ampliamente compartido será su impacto”, concluye el especialista.

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